Érase una vez

Érase una vez, en un reino muy muy cercano, una hermosa pastora que vivía feliz cuidando de un rebaño a cambio de un más o menos digno estipendio. La muchacha estaba prometida con un apuesto campesino que trabajaba para un gran terrateniente del lugar y que, como es lógico recibía un salario bastante más decente que el de su amada.

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La feliz pareja llevaba un tiempo soñando con fundar un hogar y aprovechando la etapa de gran prosperidad de la que constantemente presumía el jefe del gobierno de su país, un Sr. muy antipático que no paraba de construir casas, decidieron por fin, atreverse a dar el gran paso. Cierto día, acudieron al castillo de un ogro muy bueno que convertía en realidad los deseos de los habitantes de su aldea para explicarle que ansiaban comprar una pequeña cabaña donde comenzar a crear un futuro juntos.

Sr. ogro-, dijeron, hemos oído que usted hace préstamos a las parejas que quieren fundar una familia y nos gustaría saber si puede ayudarnos. Ambos trabajamos y no supondría ningún problema para nosotros devolverle poco a poco su dinero.

Por supuesto-, dijo el ogro, para eso estoy aquí, voy a convertir todos vuestros deseos en realidad, y para que veáis que soy un gran amigo no solo voy a prestaros para la choza, también os voy a dar para que compréis unos preciosos muebles, vosotros trabajáis muy duro y no merecéis menos, además necesitareis un caballo y un carro, ¿Cómo si no podréis ir a misa los domingos con vuestros futuros hijos? No os preocupéis de nada, solo tenéis que firmas unos documentos y el dinero será vuestro.

La felicidad de la pareja al salir del castillo del ogro era inmensa, no daban crédito a la bondad de ese hombre que acababa de concederles aún más de lo que nunca se habían atrevido a soñar y enseguida fueron a compartir su felicidad con sus seres queridos.

Los padres de ambos se alegraron tanto como ellos, no había inversión más segura que una casita y sus gobernantes no paraban de repetir todos los días que el país iba muy bien, así que no había motivos para temer nada, ni para desconfiar de la palabra de personas tan eminentes. Un Sr. que sufría tanto porque en países lejanos hubiese armas de destrucción masiva, y acudía presto a rescatar de sus desgracias a ciudadanos extranjeros no iba a dejar desamparados a los habitantes de su propio país.

Pronto celebraron la boda, y ya tenían su casita, su caballo y su carro y su felicidad era tan grande que decidieron tener una parejita de hijos para acabar de colmar la alegría de su hogar. Durante un tiempo vivieron en la más absoluta de las dichas.

Hasta que un día, empezaron los problemas. El Sr. del gobierno tuvo que marcharse porque cometió un terrible acto de soberbia que costó la vida a muchas personas, pronto dejaron de construirse casitas y se supo que la supuesta riqueza y prosperidad del país no era más que una gran farsa.

La pastora, un día sin esperarlo, perdió su trabajo lo que significaba que tendrían que vivir solamente con los ingresos del campesino. La situación era difícil, pero no desesperada. Además el nuevo jefe del gobierno, un Sr. muy simpático que no sabía nada de economía pero que tenía mucho talante, les decía a los habitantes del reino que estuviesen tranquilos, que el país solo estaba pasando por un periodo de desaceleración económica transitoria pero que todo se iba a arreglar muy pronto. Así que la pareja seguía adelante con sus vidas contando con la ayuda de los abuelitos.

Pero de pronto… Llegó el desastre, se descubrió que el Sr. tan agradable que gobernaba también les había estado mintiendo a todos, y que lo que ocurría en vez de una desaceleración, era una crisis como la copa de un pino que no habían afrontado a tiempo. Ya nadie quiso volver a confiar en él  y tuvo que dejar el reino en manos de otro Sr. mucho menos simpático que hablaba muy raro y a siempre través de un cristal. Este Sr. y todos sus ayudantes daban mucho miedo… Les decían a los pobres ciudadanos que habían malgastado el dinero por encima de sus posibilidades, que eran los culpables de todo lo que estaba pasando por ambiciosos y derrochadores, que entre todos los trabajadores tenían que poner dinero para dárselo a los ricos, que los pobres no tenían derechos porque no eran hijos de buenas estirpes, que había que trabajar por el salario que los grandes señores quisieran pagar, que los médicos ya no atenderían a los extranjeros, que el estado ya no podía cuidar de los enfermos dependientes, ( excepto del papá del Sr. del cristal) que los hijos de los obreros no debían estudiar y que todos teníamos que obedecer a una bruja muy muy mala que llegó del norte para para apoderarse de las riquezas de nuestro país.

Y como las desgracias nunca vienen solas, el pobre campesino fue obligado a repartir su trabajo y sus emolumentos con dos hombres más. Ahora la situación ya era terrible, así que la pareja se acordó del ogro que tan bueno había sido con ellos y se dispusieron a pedirle una nueva ayuda.

Sr. ogro– no podemos seguir pagándole la casita, hemos pensado que quizá usted quiera quedársela a cambio de lo que todavía le debemos.

Claro que voy a quedármela  dijo el ogro, y además voy a perseguidos de por vida hasta que consiga cobrar todo lo que me debéis más los intereses acumulados. Personas como vosotros, sois los culpables de que este reino esté pasando tantas miserias y el castigo a vuestro despilfarro será asumir una deuda impagable durante generaciones y generaciones. Viviréis condenados a la pobreza para siempre.

La pareja, salió del castillo del ogro desesperada. Acudieron a pedir ayuda a sus gobernantes, pero les dijeron que el ogro tenía razón y que tampoco tenían derecho a recibir ninguna ayuda del estado porque el campesino aún tenía trabajo y que además debían estar agradecidos y contentos por ello, así que resignados se marcharon a vivir a casa de los abuelitos donde al menos sus hijos estarían a cubierto y tendrían un mendrugo de pan que llevarse a la boca.

En aquel reino cada vez había más personas en la misma situación, trabajando como esclavos mientras los ogros y los gobernantes eran cada vez más ricos y más tiranos. Los aldeanos estaban tan desalentados que no veían la luz al final del túnel de la que hablaban los lacayos del rey. Eran pobres y su pecado había sido tener la ilusión de dejar de serlo.

Cuando todas las esperanzas parecían perdidas , un grupo de valientes muchachos y muchachas decidieron enfrentarse a los ogros y los gobernantes para luchar por los derechos de los aldeanos, pero el Sr. del cristal había extendido sus garras de tal modo que dominaba a los jueces y los trovadores a los que enviaba de pueblo en pueblo a cantar las virtudes de su gobierno y a difamar a sus nuevos contrincantes a los que acusaban de las más absurdas barbaridades, por otra parte las hordas malvadas al servicio de los ogros tardaron poco en proponer como mandatario a un noble caballero que con su labia y buena presencia consiguiera volver a engañar a los pobres e ignorantes obreros del lugar.

Se acercaba la hora de decidir entre todos los habitantes del reino a quién entregarían el poder, y nuestros protagonistas igual que tantas y tantas personas se encontraban en una gran dilema, tenían que decidir entre conservar su mendrugo de pan y vivir en la misería de por vida apoyando a los malvados que les esclavizaban, o dar su confianza a los valientes que habían prometido luchar por un futuro más justo para todos. No sabían que hacer, por un lado deseaban dar a sus hijos una vida más digna y sabían que el Sr. del cristal y todos los demás que habían regido los destinos de su país eran unos ladrones ruines y miserables que jamás cumplían su palabra, que despreciaban a los aldeanos y solo acudían a ellos cuando necesitaban de su apoyo para seguir mandando. Pero por otra parte…Lo que contaban los trovadores de los nuevos muchachos era terrible, uno de ellos incluso había conseguido una beca para investigar… Nadie tenía muy claro lo que debían hacer, pero la decisión no podía demorarse más, había que tomarla ya.

¿Qué pensáis que decidieron nuestros protagonistas? Os daré una pista, nunca fueron felices y sus perdices se las comieron otros. Los de siempre.

PERO EL FINAL DE ESTE CUENTO, ESTÁ ABIERTO AÚN PODEMOS CAMBIARLO. DE NOSOTROS DEPENDE.

4 thoughts on “Érase una vez

  1. Esto no es UN CUENTO, es la pura realidad. Si alguien quiere puedo poner los nombres a todos los Sres. y ogros que han robado, mentido, estafado a los pobres campesinos. Claro que está en nuestras manos cambiar, echar a toda la banda de delincuentes y cómplices que ha saqueado nuestro patrimonio.

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